Más tecnología y menos consumo para lograr el equilibro energético

Tim Harper, innovador en serie e inversor en tecnología, propone combinar nuevas pautas de consumo con los avances de la tecnología para satisfacer la demanda de energía.

El potencial de la nanotecnología para cambiar el mundo es algo que siempre le ha apasionado. Toda su carrera ha promovido la importancia de la difusión del conocimiento y de la cultura del emprendimiento. Desde sus comienzos como ingeniero en el centro I+D en Norrdwijk (Países Bajos) de la Agencia Espacial Europea, Tim Harper, innovador en serie e inversor en tecnologías emergentes, ha apreciado la importancia de la inversión en las primeras etapas de desarrollo de las start-ups tecnológicas.

Fundador de Científica, una consultora líder en materia de información nanotecnológica y pronósticos meteorológicos, actualmente asesora a gobiernos en materia de estrategia tecnológica. Harper nos avanza, en una entrevista realizada durante la conferencia EmTech Spain, organizada por Technology Review en español, las claves del futuro de la nanotecnología y su aplicación a la resolución de retos globales como el cambio climático o la seguridad energética.

TR.es: ¿Disponemos de suficiente energía y herramientas tecnológicas para afrontar el caso de que países como China equiparen su consumo al de los países desarrollados?

Tim Harper: Soy optimista sobre la tecnología pero si el plan consiste en continuar con las viejas pautas de consumo basadas en la dinámica ‘coger-fabricar-gastar’ la respuesta a tu pregunta es no. Estamos moviéndonos hacia nuevos patrones de consumo  al paso de las nuevas tecnologías, mientras  el  balance energético vira de los combustibles fósiles hacia las renovables.  Así que la vida en el siglo XXI en China e India no permitirá viajar a todos en Cadillacs, pero lo que sí que creo que veremos es más sostenibilidad, tanto en energía como en alimentos, y un uso proactivo de las nuevas tecnologías para prevenir enfermedades.

Por tanto, ¿debemos reducir el consumo?

Aunque nos parece que la tecnología se mueve rápido, los grandes saltos hacia delante, los que son realmente transformadores, requieren de 15 a 30 años. Internet no apareció de repente en 2000, sino que fue la combinación de varias tecnologías diferentes que maduraron durante los 30 años anteriores. Debemos reducir el consumo a corto plazo mientras esperamos a que los beneficios de la tecnología se produzcan en el largo plazo.

¿Varía mucho un programa de nanotecnología diseñado para España de uno para Sudáfrica, Estados Unidos o India?

El reto es siempre el mismo: cómo hacer el mejor uso de tus recursos para conseguir impacto económico. En algunos aspectos, los programas asiáticos son más fáciles de diseñar porque es más probable que haya una visión a largo plazo de cómo debería ser la economía en 5, 10 o 20 años. En el resto del mundo hay que convencer a los políticos de continuar con los programas cada pocos años, así que es importante ser capaces de mostrar resultados. Siempre abogo por invertir en pequeñas empresas innovadoras, que tienen un gran potencial de crecimiento que tendrá un mayor efecto económico, pero muchas agencias prefieren un enfoque más conservador.

Una de las ideas de Científica es que el éxito en los negocios no depende solo de la innovación sino en vincular la tecnología a una tendencia global.

Exacto. Cazar una tendencia es un imperativo para cualquier negocio basado en la innovación. Puede ser una tendencia tecnológica como Apple con el mp3 audio, o una tendencia social como en el caso de Facebook, pero tener el producto correcto en el momento correcto es el factor de éxito más importante.

¿Podrías citar otros tres ejemplos de nanotecnologías que jugarán un papel importante en el futuro?

Escoger tres de entre todas las habilitadas por la nanotecnología es complicado, pero podrían ser la electrónica orgánica o del plástico, el diagnóstico médico y las refinerías.

Disponer de instrumentos de análisis avanzados podría marcar también la diferencia…

Efectivamente, son un factor clave, ya que nos han permitido comenzar a entender realmente como funcionan muchísimos procesos biológicos, de abajo hacia arriba. Cuanto mejor comprendamos la naturaleza, más fácil es tratar de copiar algunos de sus trucos.

Cada vez se genera más conocimiento pero la mayoría no deriva en productos.

Este es el problema de la proyección tecnológica. Probablemente ya existan las tecnologías necesarias para comenzar a abordar los mayores problemas mundiales de manera proactiva, pero a menos que podamos encontrar los mecanismos adecuados para convertir la innovación científica en tecnología utilizable, habremos malgastado muchos esfuerzos. El proceso de innovación es mucho más ineficiente de lo que la mayoría de la gente se imagina: hay que confiar en alguien que ha identificado el potencial de un pedazo de ciencia, que necesita financiación,  y además, la empresa que lo impulse  debe disponer de las personas adecuadas con las habilidades adecuadas y el momento idóneo para conseguir que llegue al mercado.

¿El capital riesgo no se implica en este proceso?

No suelen ayudar demasiado. ¿Por qué preocuparse por asuntos difícil de entender, arriesgados,  caros y que ofrecen resultados a largo plazo, como la nanotecnología, cuando solo se necesita a un par de chicos con portátiles para crear el próximo Facebook?  Y además sabrás si va a funcionar en 18 meses en lugar de en 5 años…

¿Y cuál es la solución?

Está claro que cuando sucede un desastre, no podemos  sentarnos a esperar a que la solución tecnológica nos caiga de un árbol. Tenemos que ser mucho más proactivos y encontrar una situación en la que tecnología, empresa y sociedad ganen. Hay tecnologías emergentes que puede generar beneficios económicos claros para los desarrolladores, pero estas son sólo un subconjunto de las disponibles. En muchos casos la creación una responsabilidad común en el desarrollo de carácter público-privado puede ser el catalizador que libere todo el potencial de las tecnologías.

En lo que se refiere al cambio climático y la sostenibilidad. ¿Qué tecnología es prioritaria?

En realidad lo que necesitamos son proyectos globales que hagan uso de la más amplia gama de tecnologías que sea posible.  La energía solar y eólica están bien pero  no tratan la causa del problema ni ofrecen una solución integrada y sostenible. Necesitamos ambas a corto plazo, pero tenemos que ser capaces de mirar más de diez años hacia delante y ser  más ambiciosos en nuestra perspectiva.

La energía solar por sí sola ¿podría garantizar nuestra seguridad energética?

Será solo una parte de la solución, pero no la única. Estoy seguro de que los problemas actuales de eficiencia y tiempo de vida se pueden superar, pero hay que tener en cuenta también el almacenamiento y la transmisión  y, aun considerando otros recursos masivos infrautilizados, Europa no puede producir, por ejemplo, toda la biomasa que necesitaría para la generación de energía, así que aunque dejáramos de ser dependientes de los hidrocarburos, Oriente Medio  y Rusia, seríamos igualmente dependientes de la biomasa importada de África.

Leonor González. 7mo. Semestre. ISC.

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